¿Gallo de Morón…?

La Granada cristiana y renacentista es frecuentemente eclipsada por la musulmana, tanto en su poder de sugestión como en su fascinación.

Sin embargo, los potentes y magníficos edificios que se construyeron a partir del siglo XVI en Granada, encierran dentro se sí ejemplos de magnífica arquitectura, digna de detenerse para disfrutarla y anécdotas que han dejado su huella en nuestra historia, y más concretamente en nuestra forma de expresarnos, como es el caso de la famosa expresión: “Te vas a quedar como el gallo de Morón, sin plumas y cacareando“.

Esta expresión, es una recomendación para evitar la altitud altanera y soberbia, que en ocasiones nos puede costar muy cara, y está vinculada a Granada ya que el personaje que la protagonizó era nada menos que Oidor de la Real Audiencia y Chancillería de Granada.

Para conocer la historia nos remontamos al año 1597 la Chancillería de Granada envió a un comendador llamado Juan Esquivel a la ciudad de Morón de la Frontera donde había frecuentes trifulcas.

En la Chancillería de Granada estaban asombrados ante los asuntos de Morón, pues no sabían qué hacer, ya que aunque mandaran jueces imparciales. Las dos facciones enfrentadas, usando todas las artimañas, trucos y trampas posibles no los reconocían, ya que afirmaban que el orgullo de Morón no admitía ningún arbitraje ajeno, aunque éste viniese respaldado por el más alto tribunal.

Así, en la primavera de 1597 la Chancillería granadina mandó a Morón al doctor Juan Esquivel que, a tenor de las crónicas, tenía pocas luces amén de un carácter fuerte y poco tratable. Además, se dirigía de forma grosera a los señores de Morón, a quienes provocaba diciendo, entre otras cosas, que donde él estuviera no había más gallo que él, razón por la que los lugareños le comenzaron a llamar el “Gallo de Morón”.

Cansado todo el pueblo de Morón de sus tonterías y palabrerías, así como de sus insultos y provocaciones, motivó que los grandes señores de la villa se reuniesen para vengarse de todo lo que estaba diciendo y haciendo.

De este modo, una noche con engaños fue sacado sigilosamente al Camino de Canillas el doctor Esquivel, donde le desnudaron de todas sus ropas y, dándole una paliza con varas de acebuche, le “invitaron amablemente” a marcharse con la condición de que si volvía a presentarse, lo pasaría mucho peor, ya que no lo contaría más.

Esta leyenda ha pasado incluso a ser el argumento de cantes flamencos, a modo de ejemplo una de esos romances que popularizaron la historia del “gallo de Morón”:

Allá por el mil quinientos

En el pueblo de Morón

le enseñaron a Don Juan

una  importante lección.

Enfrentabanse dos bandos

en un pueblo de Sevilla

y la Audiencia decidió

terminar con las rencillas.

Después de muchos intentos

mandaron allí a Esquivel

llamado Juan, a más señas

tenía el cargo de juez.

Orgulloso iba diciendo

a todo el que le escuchara

que no cantaba otro gallo

en el sitio que él cantaba.

Tanto insistiera en la frase,

le pusiera tal empeño

que el sobrenombre de “El Gallo”

le dieron los lugareños.

Cansados  ya los vecinos

de escuchar sus tonterías

para acabar con el tema

se convocaron un día

Al camino de Caniles

con engaños lo llevaron

y en cueros vivos, sin ropa

entre todos lo dejaron.

Con las varas de acebuche

le “invitaron” a marcharse

mientras algunos pedían

que el magistrado “cantase”

Y vaya si el juez cantó

que al cabo de poco tiempo

de aquel pueblo se marchó

Desde que esto aconteciera

y como comparación

a los que necios prepotentes

les dicen esta canción:

“Anda que te vas quedando

como el Gallo de Morón

sin plumas y cacareando

en la mejor ocasión”

Un consejo a los que vayan

a Morón de la Frontera

No olviden la educación

ni se meta entre dos

porque si no, lo echan fuera

En otros sitios hay gentes

que aguantan las simplerías

en Morón, por si las plumas

no te andes con chulerías.

Hoy día existe en Morón de la Frontera no uno sino dos monumentos dedicados a este famoso “gallo” de Morón: una es la escultura del gallo situada en el paseo del gallo, levantado a principios del siglo XX, a iniciativa de don Jerónimo Villalón-Daóiz y Pérez de Vera.

La escultura es de bronce y su peso es de 98 kilos; la otra réplica del gallo de Morón situada en 1999 en el cruce de cuatro caminos del Paseo de la Alameda está hecha de acero inoxidable y su peso es de una tonelada. La fama del “gallo” ha llegado incluso a Hispanoamérica: en la población de Morón en Cuba hay también una estatua del gallo de Morón, refiriéndose al Morón de Andalucía.

La población se ha hecho famosa por esta esperpéntica anécdota y es difícil que no acuda a nuestra lengua la expresión cuando mencionamos este pueblo, es más, desde ese día, en las calles de Morón se canta una coplilla que recuerda a todo el mundo este suceso, y que dice así:

 

Te vas a quedar como el gallo de Morón, sin plumas y cacareando”.