HISTORIA MONASTERIO DE LA CARTUJA

Monasterio de la orden contemplativa de los cartujos, comenzado su edificación a comienzos del siglo XVI. En su origen era una zona muy fértil, rodeada de huertas y jardines, donde los monjes podían autoabastecerse. Se accede al espacioso compás, que da paso a una monumental escalinata labrada con piedra de Sierra Elvira. En su fachada aparece San Bruno, fundador de la orden Cartujana en Francia, Grenoble en siglo XI.

El Monasterio tuvo dos claustros en su origen:

  • El gran claustro, donde estaban las celdas de los monjes así como su cementerio, hoy día ya desaparecidos.
  • El claustrillo, que es el claustro que hoy se visita, luminoso, con su magnífico jardín interior. Este claustro da acceso a las diferentes dependencias: Refectorio o comedor de los monjes en comunidad los domingos a la hora del almuerzo; la Sala de Profundis o Sala de San Pedro y de San Pablo; Sala Capitular de Legos; Sala Capitular de Cartujos e Iglesia.

Los monjes cartujos tienen los votos de pobreza, castidad, obediencia y silencio. A pesar de vivir en comunidad y practicar muchas actividades en común, viven en silencio. En el refectorio y las salas capitulares disponen de magníficos lienzos de Fray Luis Sánchez Cotán y Vicente Carducho, muchos de ellos alusivos a la fundación cartujana y a sus martirios en la Inglaterra del rey Enrique VIII.

Visten hábito de color blanco, de hecho, la figura de San Bruno nos aparece multitud de veces en la Iglesia.

La iglesia es una gran muestra del esplendor del estilo Barroco Andaluz en el siglo XVII. Muy destacable el Altar Mayor, donde, aparece la Asunción de la Virgen a los cielos, llevada por multitud de ángeles. El baldaquino fue realizado por Francisco Hurtado Izquierdo, con un pedestal de mármol con incrustaciones de diferentes colores, y, la parte superior, realizada en madera con el uso del pan de oro, tan típico en esta eṕoca.

Tras la Virgen, se nos abre el Sancta Santorum o lugar donde se encuentra el Tabernáculo. Con una gran maestría Francisco Hurtado Izquierdo talló el mármol, dejando en las esquinas columnas salomónicas de mármol negro, y, la parte superior, alterna los mármoles rojo y negro, con una habilidad sorprendente. En estas cuatro esquinas del Tabernáculo nos aparecen las cuatro virtudes monacales, propias de la orden cartujana.

Los diferentes artistas supieron plasmar la teatralidad del barroco, creando una escenografía única en esta sala. Sus cuatro esquinas nos dejan paso a cuatro magníficas esculturas: San Bruno y San José con el niño, del autor granadino José de Mora; San Juan Bautista, del también granadino, José Risueño; y la Magdalena Penitente de Pedro Duque Cornejo.

El remate es la pintura mural del techo, realizada por Antonio Palomino, destacando la figura del monje fundador, San Bruno, y, pintando en las pechinas, los cuatro evangelistas, cada uno con su símbolo.

Para terminar esta visita, entramos a la Sacristía, donde el espectador quedará visualmente impactado por los efectos del barroco, con la combinación de diferentes materiales y colores: cajoneras de madera realizadas en taracea con incrustaciones de diferentes maderas y hueso, realizadas por un monje cartujo; la parte superior de la pared, hechas en estudio, con cornisas que se tuercen y retuercen, hasta crear una imagen ilusoria de luces y sombras única, con la pintura mural de su cúpula central realizada por Tomás Ferrer, y como colofón, el pequeño altar de mármol con la figura de San Bruno.

La escultura más importante es la que está a mano izquierda, realizada en madera policromada por el granadino José de Mora. Se dice que es la expresión de la fe más pura, y como atributo dispone únicamente del hábito blanco.

¿Quieren saber más sobre este magnífico edificio? No lo duden, contraten nuestra visita guiada al Monasterio de la Cartuja, no le dejará indiferente.

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