GINKGO BILOBA

202 GINGKO BILOBAS

La Gran Vía de Colón es uno de los muchos lugares de Granada dignos de pasear y que es sin embargo frecuentemente ignorado por el ocioso paseante de la ciudad.

Debo confesar que siento debilidad por esta avenida tan particular y tan distinta del resto de la arquitectura tradicional granadina, quizás por eso, por su peculiaridad, me complace encontrar en la ciudad de los conventos, las iglesias y las casas moriscas una avenida que ofrece un interesante muestrario de magníficos ejemplos de arquitectura modernista, neoclásica, racionalista o de clara inspiración parisina.

Pero en este artículo me gustaría detenerme en un aspecto que pasa frecuentemente desapercibido en esta calle y que es la presencia de más de 200 Gingko Bilobas- del legendario “árbol de los 40 escudos”.

Estos gráciles gingkos que flanquean la gran “avenida del azúcar” granadina son un verdadero fósil viviente; se estima que está especie tiene más de 160 millones de años y que se trata de un árbol sin familiares directos en el mundo vegetal, un verdadero “rara avis” no ya del mundo vegetal sino del todo el panorama biológico de nuestro planeta.

Merece la pena sentarse en un banco de la Gran Vía-ya que no hay otros disponibles, los de las paradas de autobús nos servirán- y contemplar los con la curiosidad que se merecen.

El Gingko Biloba es un auténtico -quizás el más extremo- superviviente de la historia vegetal de nuestro planeta. Es impactante saber que este árbol ha sobrevivido en un planeta que en su tortuosa evolución ha extinguido el 99 por ciento de todas las especies que alguna vez lo habitaron, y sin embargo aquí estamos sentados a la sombra de unos arbolitos que pasan tan desapercibidos que probablemente muchos granadinos no habrán nunca reparado en su presencia.

Al Gingko Biloba se le atribuyen dos cualidades importantes: su extrema fortaleza y resistencia y sus propiedades curativas, especialmente celebradas en Oriente. 

Es celebrada la anécdota de que a los pocos días de la terrible explosión de la bomba atómica de Hiroshima el único ser vivo que sobrevivió en el corazón de la explosión fue un brote de un Gingko Biloba. Una anécdota más sobre la extrema fortaleza y vitalidad de este árbol. Ya desde la antigüedad este árbol era tenido por extremamente resistente y era conocido como el “árbol de los 40 escudos” por su poderosa inmunidad a los ataques biológicos.  

Existe otra explicación sobre este apelativo del árbol. Se dice que en el siglo XIX un coleccionista parisino pagó 40 escudos por un ejemplar de Gingko  Biloba, una suma elevadísima en aquel tiempo. No obstante  debemos recordar  que en el siglo XIX la afición e interés hacia las flores y plantas era enorme y se estaba dispuesto a pagar fortunas por un ejemplar raro de una flor o un árbol. A modo de ejemplo de este inusitado interés por las flores y frutos exóticos tenemos  existencia de “Club de la Dalia” en Londres dedicado a estudiar y proteger está flor de la cual se llegaron a originar más de 15.000 variedades.

La longevidad del Gingko Biloba sólo se puede comparar con las de otras fósiles vivientes del mundo vegetal como el Magnolio. Esta longevidad y resistencia a los ataques biológicos fortaleció la idea de que de este árbol, se podían extraer elementos curativos ara combatir entre otros males la senilidad. El hecho es que si bien es discutible con su fortaleza y longevidad están probadas, no esta tan claro que otorguen salud a aquel que se consuman sus derivado, pese a que el gingko tiene en Asia, particularmente en China, fama de ser extremadamente beneficioso para la salud.

En cualquier caso el granadino puede disfrutar de una de las más numerosas colonias de Gingko Bilobas de España en su Gran Vía, y quizás reflexionar un poco sobre las muy especiales características e historia de este peculiar árbol.