Actualmente todo está cambiando, la tecnología cambia el mundo, las máquinas forman parte de nuestra vida cotidiana, todo se supedita al reloj y se mide con la productividad.

Un día alguien me dijo que ser Guía de Turismo, era ser un gran contador de Historias, en aquel momento me sentí un ser importante, porque nosotros, con nuestros saberes y conocimientos, transmitimos un trocito de humanidad al visitante, sin importar su nacionalidad, profesión o clase social.

Somos grandes contadores de historias…

Eso supone un gran reto personal diario, desde que te levantas, hasta que te acuestas, somos guías 24 horas al día, 7 días a la semana. Una gran exigencia personal, una gran aventura diaria. Transmitir nuestro conocimiento es nuestro gran legado, saber comunicar, ser grandes oradores, saber un poco de muchas, pero muchísimas cosas es nuestro desafío, y para muchos de nosotros es un gran desgaste importante diario para dar, en cada momento, lo mejor de nosotros mismos.

Sin embargo, también hay que saber cuándo dejar de mirar el reloj, el móvil, el ordenador, la tablet. Un mundo donde la tecnología se nos ha impuesto y nosotros, hemos aceptado, con sus aciertos y con sus errores, pero nos hemos dejado envolver en este mundo de fantasía tecnológica, en el cual, inconscientemente, nunca desconectamos porque o bien, no podemos, o bien no sabemos.

Hoy por primera vez en muchos años, he dado un paseo sin prisa, dejándome guiar por mis pasos por las calles principales de Granada. Es este mes de julio 2018, un verano atípico en el sur de España, por la tan agradable temperatura en sus mañanas y atardeceres. Una visita nocturna a los Palacios Nazaríes es un auténtico privilegio en esta época del año, un atardecer desde San Nicolás en el Albaicín, o una bebida con su correspondiente tapa en Plaza Bib-Rambla es una verdadera delicia. Disfruten esta atípica amable temperatura a lo largo del día, nada comparado con la eterna ola de calor vivida el verano pasado del 2017.

Y hoy, por primera vez me he dejado guiar por el viento suave, mis pasos me han llevado hasta la biblioteca, sin prisa, tranquila, sin premura, mi mirada ha recorrido estanterías y estanterías de volúmenes, y hoy, por primera vez hace muchos años ya, me he dado cuenta, que la vida de un guía se compone de cosas sencillas, de descubrir una maravillosa ciudad con magníficos edificios, con sus calles tranquilas y vida cotidiana serena, y porque Granada, con su preciosa luz, deja imbuir al visitante de su esencia, aroma, y lo que muchos llaman, duende.

Y así hoy, he podido comprender, que no es importante una profesión, sino la calidad humana del que la ejerce y sueña, y, nunca hemos de dejar de soñar, ni de aprender, porque en esta vida nada es verdad o mentira, todo depende del color, con que se mira.